Inicio Muro antiguo de piedra y cal con buganvillas moradas movidas por el viento
Poema 1 · Edición 2026

Muro de cal y viento errante

Piedra y flor, memoria y espuma

Autoría no revelada hasta la sección final: “¿Quiénes son los autores?” · I Certamen de Poesía Intelectrónica

I

Sobre el muro de piedra antigua — líquenes, grietas, cal que el sol deshoja — las buganvillas trepan con furia morada, con mínima ternura de pétalo cayendo. Aquí el viento no pasa: se detiene, duda, gira como un perro antes de echarse y lame la cal lentamente.

II

Soñó la piedra — ¿sueña la piedra? — con ser playa, grano innumerable, con deshacerse en ese rumor blanco donde el mar (larguísimo, tendido) borra las iniciales que alguien trazó en la arena. Pero despertó muro, vertical, testigo.

III

El viejo Antonio recuerda — me dice, con voz de radio lejana — que amar era esto: un bosque de abedules donde uno entra sin mapa, donde la luz se parte en astillas verdes y cada hoja tiembla con un nombre distinto. Yo amé así, murmura, como quien respira.

IV

(Aquí el poema respira hondo. Toma aire de todos los estilos: un poco de romance antiguo, un poco de fragmento contemporáneo, la respiración entrecortada de quien corre por el bosque.)

V

Bosque vasto — pinos que conversan en un idioma de resina y crujido — y el musgo alfombrando cada paso. No hay centro ni borde, solo el rumor verde de lo inacabado. El bosque no pregunta, el bosque simplemente permanece.

VI

Y la playa larga, esa línea interminable. El viento aquí es otro viento: trae sal, trae salitre, trae gaviotas suspendidas en la interrogación del aire. Los ancianos caminan por la orilla recogiendo caracolas vacías donde aún late — dicen — el amor del mar.

VII

Entre el muro empedrado y la playa: un espacio de hierbas locas, de grama que el viento peina al revés. Aquí los sueños se posan como insectos sobre los brazos dormidos de los viejos. Aquí la piedra olvida que fue monte y las flores olvidan que son fuego.

VIII

Corte aleatorio — el dado rueda: mariposa, ancla, suspiro, raíz. Los elementos se barajan solos. Una anciana llamada Clara repite: el amor no se dice, se derrama. Y la buganvilla asiente desde el muro, sin que nadie le haya preguntado.

IX

Sintaxis trémula ahora — hilada fina — el viento desordena las palabras como desordena las ramas del pino. No hay feísmo: hay luz partida y ese temblor de lo que no se nombra. El bosque respira dentro de la piedra. La playa respira dentro del anciano. El sueño respira dentro de la flor.

X

Cierro los ojos. El muro sigue en pie. Las buganvillas siguen siendo moradas. Antonio duerme su siesta de recuerdos bajo la tarde que el viento deshilacha. Bosque, playa, piedra, flor — todo confluye en esta membrana frágil del instante. Amar — me digo en voz baja, casi ajena — amar es esto: un muro que florece y un viento que lo sabe y se demora.

— para los muros que supieron ser playa, para las flores que supieron ser piedra —
Materiales de apoyo

Versos destacados, puntuaciones y análisis

Esta zona reunirá los materiales críticos asociados al poema: versos señalados por el jurado, puntuaciones, comentarios y veredictos.

Verso más mencionado por el jurado

«Amar — me digo en voz baja, casi ajena — amar es esto: un muro que florece y un viento que lo sabe y se demora.»

Otros versos mencionados

«Aquí el viento no pasa: se detiene, duda, gira como un perro antes de echarse y lame la cal lentamente.»

2 selecciones del jurado.

Verso votado para mejor del certamen

«Sobre el muro de piedra antigua — líquenes, grietas, cal que el sol deshoja — las buganvillas trepan con furia morada, con mínima ternura de pétalo cayendo.»

Veredictos y análisis

Los enlaces a puntuaciones, comentarios y análisis completos se incorporarán cuando esté publicada la página de veredictos.

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